LOGOS DEL PAISAJE
Fernando Vélez Castro
“El interés por las montañas y las rocas de artistas como Leonardo Da Vinci, Piero della Francesca, Giovani Bellini o Andrea Mantegna parece provenir más bien del interés científico del terreno y de las piedras, del misterioso atractivo de minas y azufreras. En los siglos XV y XVI, la búsqueda de la pintura convivía con la búsqueda de la alquimia. En aquel periodo, en la tratadística y en las obras de pintura y literatura, caudales de agua, canales, ensenadas, estanques, lagos, valles, bosques, montes, rocas o cimas eran observados como oscuros paradigmas geológicos.”
(Raffaele Milani, El arte del paisaje.)
Trato de captar la metamorfosis en la naturaleza que pasa inadvertida al ojo humano, trasladándola al cuadro, donde dichos fenómenos de transformación se integran al tratamiento particular al que someto a la pintura, que extrae y procesa los elementos del paisaje a través de la observación de su estructura mas intima,sacando a la luz la constante interna que diferencia a cada tipo de paisaje.
La cuestión es si vemos realmente lo que creemos ver y en que forma y medida estamos condicionados por las convenciones que respecto a nuestra relación con la naturaleza ha dejado la historia y la cultura en nosotros.
A mi modo de ver, la observación a la que hacía referencia marca al artista un tempo, una lentitud necesarias a la hora de captar qué esconde la monumental presencia de la naturaleza; impone un ritmo al proceso de elaboración, tanto material como conceptual, del trabajo construyendo una línea a seguir, abierta sin embargo, a los cambios que surgen en dicho proceso. Esta relación es fundamental para con el espectador que contempla la obra, no se le obliga por supuesto a hacer uso de esa lentitud, pero él mismo descubrirá que es la mejor herramienta en sus manos, o mejor dicho, en sus ojos, para concebir una nueva visión del paisaje.
En el origen de cómo la pintura empezó a describir el paisaje se encuentran las restricciones sufridas en siglos anteriores, sometida a unos cánones de expresión marcados por las pautas de la iglesia. Ésta decidía la forma de presentar las figuras de las sagradas escrituras. En los pasajes en que las escenas se sucedían en un entorno natural, éste era pintado de forma esquemática y repetitiva con la intención de centrar la atención únicamente en el recogimiento y la devoción que debían ejercer hacia dichas figuras. Inventar el paisaje occidental supuso la laicización de los elementos naturales para que así se organizaran en un grupo autónomo, la perspectiva y la multiplicación de los planos de observación tuvo un papel decisivo en estos cambios.
Pienso que lo más importante es que irremediablemente este análisis establece un continuo dialogo entre arte y ciencia, consistiendo el mismo en una recopilación de multitud de referencias e intercambio de material, considerando que la ciencia “pura” ha tratado siempre de absorber lo “impuro” del arte y viceversa, lo cual no se limita a una mera apropiación de motivos a incorporar al cuadro, por el simple hecho de tener algo de que hablar, al contrario, estas referencias tienen una importancia crucial en cuanto al contenido en la totalidad de la obra.
Todo artista está obligado a despejar el propio camino, forjarse un lugar propio con respecto a la historia del arte y encontrar una posición relativa al nivel de sus predecesores. Sólo de esta manera será consciente de sus propios límites y posibilidades.



